Escocía ...o será Escocia?
¡Que gran país! Donde los hombres llevan falda y tocan la gaita. Donde creen que una criatura prehistórica vive en un lago que no daría ni para alimentar a un hipopótamo adulto. Donde llueve un minuto para dar paso a un sol radiante al minuto siguiente. En definitiva, esta amalgama de singularidades no impiden que sea un país precioso con una gente encantadora.
Llegamos ahí el sábado por la mañana. Al salir del aeropuerto, como turista acomodado en que me estoy convirtiendo, quería coger un taxi. Con la maleta y sin saber muy bien a dónde iba, prefería comodidad. Sin comerlo ni beberlo acabamos en frente de la estación de autobús, tan sólo salir de la Terminal. Miramos el mapa … bien, la casa de nuestros amigos esta cerca de la última parada. Miramos el precio … bien, sólo tres pounds. Nos miramos … vale, vamos a coger el autobús. Tras 25 minutos de trayecto y varias paradas en la que nos reímos ya que la televisión del autobús estaba rodeado por tela escocesa -nombre técnico en inglés tartan- o sea, totalmente integrado. Al llegar a la ciudad fuimos a casa de Kelly que es una amiga de Carrie que vive en Edinburgh con Lyndsay, su compañero sentimental –¡toma palabreja de salsa rosa! Nos instalamos en la casa y fuimos a la aventura de visitar la ciudad. Como teníamos mucha hambre, fuimos a un pub donde degustamos la típica comida inglesa cocinada por escoceses. No estuvo mal, más de los mismo, pobre sabor para un paladar catalán. Por la tarde paseamos por Edinburgh y disfrutamos del festival de la ciudad. Yo no tenía ni idea, pero cada agosto se celebra un festival en la ciudad. Debe ser como el festival de Tárrega pero … más grande. Hay muchos espectáculos callejeros, tenderetes y los teatros están repletos de obras de primer nivel. Según dicen, están al nivel de las obras de Londres. Como no tenía tiempo, no vi ninguna, pero paseé por la ciudad que es preciosa y disfruté viendo a gente de todo tipo. En este primer día no conseguí comprar un Kilt –véase faldita escocesa.
El domingo nos pusimos en marcha sobre el mediodía, disfrutando del relax de nuestro segundo día de vacaciones. Básicamente pasamos el día con Kelly y Lyndsay. Fue un día muy agradable en el que estuve completamente relajado leyendo, paseando y charlando. Por la noche fuimos a un pub a tomar algo y después a cenar a un restaurante Tailandés. Con mi gran cultura culinaria, ni puta idea de que cocinaban, no se vosotros, pero para que os hagáis a la idea es como un chino pero no tan cutre. O sea que me chupé los dedos. Además la compañía fue muy agradable y me reí muchísimo, sobretodo después que fuimos a su casa y estaban los hijos de Lyndsay, cuatro, si cuatro, yo me pregunté si sería escocés o un conejo. Por la noche llegaban mi madre y mi tía Pepa –si, si, li donarem un tall- y las fuimos a buscar a la parada del autobús ya que, después de nuestra agradable experiencia de transporte urbano, se lo recomendamos. Estuvo de coña porque el Lyndsay es el director de una compañía que tiene un piso de empresa y nos lo ofreció para pasar la noche. Un piso de puta madre en una zona que están reformando de la ciudad –parecida a Nova Icaria en Barcelona. En este segundo día, tampoco conseguí mi Kilt, pero perseveraba en mi misión.
El lunes nos pusimos en marcha. Lo primero, alquilar un automóvil. Problemón! Fuimos a tres agencias y al final conseguimos un Ford Focus, pero con el festival de Edinburgh, la cosa estaba chunga. Una vez en el coche y desayunados, pusimos rumbo a Stirling. ¿Qué tiene de especial? Bueno, ¿por dónde empiezo? … Lo primero que visitamos fue el monumento de William Wallace –Mel Gibson en Braveheart. Una torre de un montón de escaleras, que me subí hasta arriba, donde en cada piso había una mini exposición sobre diversas cosas: William Wallace –gran luchador por la independencia de escocia-, sobre gente famosa escocesa –James Watt, Ian Fleming, Graham Bell y Arthur Conan Doyle entre otros- y sobre la construcción del monumento. Al llegar arriba … un paisaje precioso. ¡Mención especial a las dos gorditas que se quedaron abajo bebiendo un te! Después visitamos una cárcel donde se opusieron en práctica métodos más humanitarios para los presos … un poco rollo pero había un guía guasón que me hizo reír un rato. Intentamos visitar el castillo pero cuando llegamos ya había cerrado, o sea que buscamos un hotel siguiendo nuestra ruta hacia el norte, concretamente Inverness. Tercer día sin conseguir mi Kilt, pero mi ánimo continuaba sin decaer.
El martes nos levantamos pronto ya que teníamos un buen trecho hasta llegar al norte. Una vez hubimos zampado un ‘fully scottish’ –¡desayuno de la ostia!-, nos pusimos en marcha. Pasamos por una destilería de güisqui y decidimos pararnos. Hicimos la obligada visita por las instalaciones que no estuvo mal y después nos dieron un traguillo de güisqui. No soy un gran fan de este licor, pero me gusto, aunque a las once de la mañana no entra muy bien que digamos. A una viejecita casi le da un pasmo después de beberse el vasito que nos daban. A mi me dejo calentito para el resto del día. Hacia la una llegamos a Inverness. ¡Collons! ¡Que paisaje! Bosques y lagos para dar y regalar. Rápidamente cogimos un barquito que nos hizo un tour por el Lago Ness, dónde no vimos al monstruito, pero habiéndolo visto unas cien personas en cien años, tampoco tenía mucha esperanza. Después visitamos un museo que tienen para explicar todos los hechos de Nessie, me convencí aun más de que ni de coña existe. Mi madre, en su inagotable fantasía sigue creyendo en ella. Si, me enteré de que el monstruo es femenino … a saber cómo lo han determinado, estoy pensando en cambiar mi carrera por sexador de monstruos. ¡Seguro que se cobra una pasta! Tuvimos muchos problemas para encontrar hotel y al final, pese a la reticencia de las ancianitas- tuvimos que dormir en un B&B –Bed and breakfast. Estaba muy bien aunque las habitaciones eran como cajitas de cerillas. Mi madre hizo muy buenas migas con la propietaria que incluso le enseñó las fotos de la boda de su hija. Por mala suerte Carrie, la tía Pepa y yo, no pudimos disfrutar de la sesión porqué nos estábamos lavando los dientes. Por cuarto día el Kilt se me escapaba, pero lo sentía cerca … muy cerca.
El jueves nos levantamos temprano, hacia las ocho para poder visitar un lago antes de volver a Edinburgh. El lago en cuestión se llamava loch Katrin –si, si, como el huracán de Nueva Orleáns. Nanos ... ¡Maquíssim! Casi era comparable a nuestro precioso pantà de San Maurici, pero la terra es la terra y me quedo con lo nuestro. Una vez visto el lago, volvimos a la capital. Ahí, devolvimos el coche, comimos y, tras una fugaz visitas a la ciudad, Carrie y yo cogimos la maleta para ir al festival de Leeds … eso, amigos mios, merece otro post completo!
Por cierto:
1.- Comí Hagis, que es la típica comida escocesa hecha a base de tripas de oveja fritas. Muy bueno, pero los ingleses, lo consideran asqueroso. No saben lo que se pierden.
2.- Mientras escribo este post llevo puesto mi kilt. Si me viera la familia Borrell, creo que las carcajadas darían la vuelta al mundo. Habiendo hecho un viaje a Escocia no he podido aguantar la tentación de ir a trabajar en kilt. Estupendo nanos!

1 Comments:
Espero que quan et posis el kilt o facis com cal i no portis res a sota. Aleshores si que se sera comode ...
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